
• Madre de familia y ama de casa, encontró en la alfabetización una nueva forma de mirar su comunidad, desplazarse con mayor autonomía y abrirse camino hacia nuevos aprendizajes
En Zinacantán, donde el trabajo con las flores forma parte de la vida cotidiana y de la identidad de muchas familias, Margarita descubrió que aprender a leer y escribir también podía significar algo más profundo: ganar autonomía, confianza y nuevas posibilidades para su vida.
“Aquí trabajamos mucho con las flores. Hoy, gracias a que aprendí, ya puedo escribir los nombres de las flores. Además, cuando voy a San Cristóbal ya no me pierdo, porque ya puedo leer las combis”, compartió con alegría.
Desde este municipio de los Altos de Chiapas, Margarita decidió dar un paso adelante y aprender a leer y escribir a través del programa “Chiapas Puede” del gobernador Eduardo Ramírez Aguilar, una iniciativa que impulsa una política educativa con sentido humanista y social, orientada a transformar la realidad de los hogares y abrir nuevas oportunidades para quienes durante años no tuvieron acceso a la alfabetización.
Por tanto, la Secretaría de Educación, encabezada por Roger Mandujano, mantiene el compromiso de llevar la educación a cada rincón de Chiapas, haciendo de la alfabetización una herramienta para el bienestar, la autonomía y la justicia social.
La historia de Margarita comenzó junto a otras 14 personas de su comunidad, quienes, acompañadas por su maestra, compartieron clases, aprendizajes y momentos de convivencia. Descubrieron que el aula podía convertirse también en un espacio para encontrarse, apoyarse y demostrar que nunca es tarde para aprender.
“Yo quería aprender, por eso me inscribí cuando supe que vendría un programa donde nos iban a enseñar. Empezamos dibujando algunas cosas y ahora ya todos sabemos leer y escribir”, relató.
Cada avance estuvo acompañado de esfuerzo, pero también de afectos. Durante este proceso, Margarita contó con un apoyo muy especial: el de su hija, quien cursa sexto grado de primaria y la acompañaba con sus tareas, compartiendo con ella lo que aprendía y alentándola a continuar. Así, la educación se convirtió también en un encuentro entre generaciones: una hija ayudando a su madre a aprender, y una madre demostrando que siempre hay tiempo para comenzar de nuevo.
Para Margarita, aprender significó ampliar sus horizontes. Hoy sabe que este no es el final de un camino, sino el comienzo de uno nuevo.
“Hoy quiero seguir aprendiendo. Es muy necesario seguir estudiando. Gracias al programa pudimos avanzar en nuestra vida y ampliar nuestra mente. Gracias al gobernador, ellos nos motivaron a aprender aquí en la comunidad”, expresó.
En Zinacantán, entre flores que representan trabajo, identidad y esperanza, Margarita hoy también cultiva palabras. Y con cada palabra que aprende, comienza a escribir, con sus propias manos, una vida con más oportunidades.
