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Era café de la Finca Santa Cruz, cultivado a mil quinientos metros de altitud, donde el clima y la altura conspiran a favor del sabor, de la calidad, de la perfección.

Ese café no se toma, se contempla. Ha sido premiado en varias ediciones del certamen Taza de Excelencia, y lo entiendo: su cuerpo es firme, su acidez delicada, su final elegante. Tiene algo de volcán y algo de nube; algo de las manos sabias que lo cultivan y algo del alma de Chiapas.

Mientras hablábamos, pensaba en lo que representa esta bebida: no solo es un placer, es identidad.

Saludo con aprecio a quienes ponen el nombre de Chiapas en alto. Hoy, nuestro compromiso es mayor, como esta conversación sincera con los amigos y la certeza de que el mejor café del mundo nace aquí, en estas montañas, donde el corazón está bien despierto.

Marco Antonio Barba Arrocha

Secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca de Chiapas