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San Cristóbal de Las Casas 31 de marzo de 2026

Esta mañana, en la zona de Moxviquil, en San Cristóbal de Las Casas, no hubo percepción de seguridad. Hubo miedo.

Automovilistas reportaron un retén de civiles armados, sin uniformes ni identificación, operando con total control sobre la carretera. No fue un hecho aislado ni confuso: fue un punto de control ilegal donde se detenían vehículos, se inspeccionaba de manera selectiva… y se privó de la libertad a varios jóvenes.

Sí, en una carretera de Chiapas. Sí, a plena luz del día.

Los testimonios coinciden: un vehículo Volkswagen fue interceptado, los ocupantes obligados a descender y posteriormente trasladados en un Jetta blanco sin placas. Mientras tanto, otros conductores huían en reversa o en sentido contrario, no por imprudencia… sino por supervivencia.

Ese es el contexto real.

Y frente a eso, el discurso institucional contrasta —y duele—.

El secretario del pueblo, Óscar Alberto Aparicio Avendaño, sostiene públicamente que:

“Todos los días sobrevolamos Chiapas… para cuidar a las y los chiapanecos”.

Además, promueve que el estado es “seguro para vacacionar” y presume operativos de Semana Santa.

Pero la pregunta es inevitable:

¿Dónde estaban esos operativos hoy en Moxviquil?

Porque mientras desde el aire se habla de vigilancia, en tierra operan retenes ilegales capaces de levantar personas sin resistencia alguna.

Mientras se difunden campañas de “Semana Santa Segura”, hay carreteras donde circular implica jugarse la vida.

Aquí no hay percepción: hay hechos.

Este episodio no solo exhibe una falla operativa. Expone algo más profundo:

• La normalización del control territorial por civiles armados

• La vulnerabilidad total de quienes transitan

• Y el silencio institucional inmediato tras los hechos

Porque hasta ahora, no hay información oficial clara sobre:

• El número exacto de víctimas

• Su paradero

• Ni acciones concretas para su localización

Y en ese vacío, lo que crece no es la confianza… es la incertidumbre.

Chiapas no puede sostener un doble discurso:

uno que se comunica en redes sociales y otro que se vive en carretera.

Si hoy en San Cristóbal un grupo armado puede instalar un retén, seleccionar víctimas y desaparecerlas, entonces la pregunta no es si hay operativos…

la pregunta es si están funcionando.

Porque la seguridad no se mide en sobrevuelos ni en publicaciones institucionales.

Se mide en lo que ocurre en el terreno.

Y hoy, en Moxviquil, lo que ocurrió fue un levantón.

¿Hasta cuándo las carreteras de Chiapas seguirán siendo territorio del miedo?

¿Quién responde por los jóvenes desaparecidos?

¿Y quién asume la responsabilidad cuando la narrativa oficial ya no coincide con la realidad?

Te leemos en los comentarios

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